Yo sola, rodeada de niñas, mis niñas...a las que adoro pero que me exigían adoptar un papel de madre constante, y yo necesitaba sentirme también: amiga, hija, hermana, mujer.
Y te leía...y te veía en ese escaparate mitad realidad, mitad ficción...y me sentía amiga, y me sentía mujer. Y jugaba a soñar despierta en charlar contigo...en que fueras mi amigo, en que fueras mi amante...Y cada día me ilusionaba tener noticias tuyas, además de leer las noticias que nos llegaban desde fuera. A diferencia de éstas, las tuyas me reconfortaban. Y por ello te quiero dar las gracias. Porque no fue en los artículos técnicos, sino en los escritos desde el corazón, donde en un punto, aún no sé muy bien cuándo, ni cómo, ni por qué, me encontré con tu alma y me fue imposible olvidarte. Porque te comprendía, porque me hacías llorar con tus palabras, porque no soportaba verte triste, porque caminando de puntillas me llegabas al corazón...y un día me di cuenta de que ya no podría vivir sin ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario