pero no se tocan...
Están esperando su momento,
ajenas a mis lágrimas...
Cada día están más viejas,
más cansadas...
No te oirán ya nunca más
pasear por mi casa.
No las abriré entre risas
y besos...
No las probará mi alma.
Así, como nosotros,
envejecerán sin conocer su aroma,
su color, su punto de acidez...
Imaginarán su sabor todas las noches,
casi rozándose...
Pero no,
no llegarán a degustarse lentamente
ni a percibir matices.
No compartirán la vida sorbo a sorbo.
Así, como nosotros,
seguirán envejeciendo solas.